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Derivación de palabras - La fragmentación del latín

Transforma adecuadamente las palabras entre paréntesis

B2
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La caída del Imperio romano de Occidente en el siglo V d. C. no supuso una ruptura inmediata con la lengua latina, sino el inicio de un lento proceso de
(DIVERSIFICAR) que transformaría profundamente el panorama lingüístico de Europa. El latín, lejos de desaparecer, comenzó a evolucionar de manera distinta en cada región, influido por las lenguas de los pueblos germánicos que se asentaron en los distintos territorios del antiguo imperio. Así, lo que en un principio era una lengua relativamente uniforme fue dando lugar a variedades regionales cada vez más
(DISTAR) entre sí.

Uno de los factores clave en esta fragmentación fue la
(PERDER) de contacto entre las distintas provincias romanas. Mientras el imperio mantuvo su unidad política y
(ADMINISTRACIÓN), el latín culto, usado en documentos oficiales y en la educación, actuó como freno ante los cambios. Sin embargo, al desaparecer esas estructuras centrales, cada comunidad comenzó a
(DESARROLLO) su propia variedad del latín hablado —conocido como latín vulgar— sin que hubiera una norma común que frenara la evolución natural de la lengua. Las diferencias fonéticas, gramaticales y léxicas se fueron acumulando durante siglos.

El resultado de este largo proceso fue el
(NACER) de las lenguas romances: el castellano, el portugués, el francés, el italiano, el rumano y algunas lenguas menores como el catalán, el occitano o el gallego, entre otras. Todas ellas comparten una
(ENRAIZAR) común en el latín, pero presentan diferencias suficientes como para ser consideradas lenguas
(INDEPENDENCIA). Este fenómeno es un magnífico ejemplo de cómo una única lengua puede ramificarse a lo largo del tiempo y dar lugar a toda una familia lingüística extendida por varios continentes.

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