Sobre Octavio Paz y el poema La calle

de Natalia Baena Cruces  •  En Literatura

Octavio Paz nació el 31 de marzo de 1914 en Ciudad de México, donde fallecería el 19 de abril de 1998. Este gran poeta, ensayista y diplomático mexicano recibió el Premio Cervantes en 1981 y el Premio Nobel de literatura en 1990.


En 1931, con tan solo 16 años, escribió el que sería su primer artículo publicado: "Ética del artista". En 1933 se publicó su poemario Luna Silvestre, en el que se podían apreciar ciertos tintes románticos. Sus experiencias personales y su visión de la vida lo llevaron a escribir su diario a partir de 1934, libro que vería la luz cuatro años después bajo el nombre Vigilia: diario de un soñador. En 1937 se publicó en la revista Letras de México la primera edición de su poemario Raíz del hombre, obra que tuvo una recepción agridulce por parte de críticos literarios de la época. El mismo año se publicó también Bajo tu clara sombra. Otras dos obras, Entre la piedra y la flor y A la orilla del mundo, fueron publicadas en los años 1941 y 1942 respectivamente.


Un viaje a España y otro a París (ambos en 1937) le permitieron contactar con intelectuales de la república española, así como con Pablo Neruda. Aquellos encuentros tuvieron un fuerte impacto en su obra poética.


Cuatro de sus libros más importantes salieron a finales de los años 40 y a lo largo de los 50: Libertad bajo palabra, El laberinto de la soledad, ¿Águila o sol? y El arco y la lira. En las décadas siguientes siguió escribiendo poemarios y ensayos, que completarían su extensa y variada obra literaria.


Aunque es difícil encasillar a Octavio Paz en un movimiento literario concreto, la influencia de su magnífica obra en la literatura hispana del siglo XX es simplemente innegable.


A continuación te mostramos un poema de trece versos titulado La calle. En él se describe el angustioso caminar de un hombre por una calle a oscuras.


La calle


Es una calle larga y silenciosa.

Ando en tinieblas y tropiezo y caigo

y me levanto y piso con pies ciegos

las piedras mudas y las hojas secas

y alguien detrás de mí también las pisa:

si me detengo, se detiene;

si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie.

Todo está oscuro y sin salida,

y doy vueltas en esquinas

que dan siempre a la calle

donde nadie me espera ni me sigue,

donde yo sigo a un hombre que tropieza

y se levanta y dice al verme: nadie.



Podría decirse que la calle representa en este poema la vida misma, y la oscuridad representa las dificultades a las que el hombre se enfrenta. Se cae, se levanta, escucha a alguien que anda detrás de él, alguien que... tal vez, no sea más que él mismo, pero mejor escucha al propio Octavio Paz recitando este poema durante una entrevista televisiva.